¿Cómo ampliamos los servicios y recursos de Euskadi en el ámbito de la salud mental?
La salud mental se había convertido en una de las principales preocupaciones de la juventud vasca, pero seguían existiendo muchas preguntas sin responder: ¿cómo se sienten realmente las personas jóvenes?, ¿qué factores están deteriorando su bienestar emocional?, ¿qué barreras encuentran para acceder a la ayuda que necesitan? y, sobre todo, ¿qué soluciones proponen ellas mismas?
Para responder a estas preguntas, LABORAL Kutxa y Osoigo Next impulsaron una nueva misión centrada en la salud mental de la juventud en Euskadi y Navarra. El objetivo era generar un diagnóstico basado en la experiencia de miles de jóvenes y trasladar sus propuestas a las instituciones responsables de diseñar las políticas públicas.
Más de 3.700 jóvenes participaron en la misión
La misión se articuló a través de una gran consulta ciudadana en la que participaron 3.763 jóvenes de entre 16 y 30 años de Euskadi y Navarra.
La encuesta abordó cuestiones relacionadas con el bienestar emocional, la ansiedad, la tristeza, la soledad, el acceso a la atención psicológica, el consumo de psicofármacos, las relaciones sociales, el uso de las redes sociales o las expectativas de futuro.
El resultado fue una de las radiografías más completas realizadas hasta la fecha sobre la salud mental juvenil en ambos territorios.
Un diagnóstico que exigía actuar
Los resultados pusieron de manifiesto una realidad especialmente preocupante.
- El 46 % de las personas jóvenes afirmaba sentirse poco o nada feliz en su día a día.
- El 65 % reconocía que le costaba encontrar razones para sentirse optimista.
- Casi seis de cada diez jóvenes habían tenido pensamientos suicidas o autolesivos en algún momento de su vida.
- Las mujeres manifestaban mayores niveles de ansiedad y tristeza que los hombres.
El estudio también identificó algunos factores especialmente relacionados con el deterioro de la salud mental, como la dificultad para emanciparse, la precariedad económica o la falta de herramientas para gestionar las emociones.
Un acceso a la atención todavía insuficiente
La misión puso de relieve que el acceso a los recursos de salud mental seguía siendo uno de los principales desafíos.
Aunque el 64 % de las personas participantes había acudido alguna vez a un profesional de la psicología, la mayoría lo hacía cuando la situación ya era crítica.
Además:
- El 89 % afirmaba que acudiría con mayor frecuencia si la atención psicológica fuera más asequible.
- El 26 % había consumido ansiolíticos o antidepresivos durante el último mes, y una parte de ellos lo había hecho sin receta médica.
- El informe estimaba que un 14 % de la juventud se encontraba en riesgo de sufrir problemas de salud mental sin haber accedido a atención profesional.
La conclusión era clara: mejorar la salud mental de la juventud exigía reforzar los recursos públicos, reducir las barreras económicas y facilitar un acceso más temprano a la atención psicológica.
Más allá de la atención sanitaria
La misión también mostró que la salud mental no depende únicamente del sistema sanitario.
Las amistades aparecían como la principal fuente de bienestar emocional, mientras que las relaciones sociales y las dificultades para acceder a un empleo digno se identificaban como los principales focos de malestar. El estudio también puso el foco en el impacto del uso de las redes sociales y la tecnología sobre el bienestar emocional y en las desigualdades que afectan a determinados colectivos, especialmente a las personas LGTBIQ+.
El informe concluía que la salud mental debía abordarse desde una perspectiva integral, reforzando no solo los recursos sanitarios, sino también las redes de apoyo comunitario, el deporte, el ocio saludable y la educación emocional.
Llevar la voz de la juventud a las instituciones
Las conclusiones de la misión fueron presentadas en el Parlamento Vasco, donde representantes institucionales analizaron los resultados junto a las principales recomendaciones del informe.
Durante la presentación, la presidenta del Parlamento Vasco, Bakartxo Tejeria, destacó que la salud mental constituye una prioridad para las instituciones vascas y subrayó la necesidad de seguir impulsando políticas de prevención, detección precoz y atención eficaz.
Posteriormente, el informe fue presentado también a la Ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, llevando las conclusiones elaboradas por la juventud vasca al ámbito estatal y reforzando el objetivo del proyecto de convertir la participación ciudadana en una herramienta útil para orientar las políticas públicas.
De la participación a las políticas públicas
La misión no terminó con la publicación del informe. Las conclusiones contribuyeron a reforzar el debate público sobre la necesidad de ampliar los recursos de salud mental y coincidieron con un importante impulso institucional en Euskadi.
Poco después, el Lehendakari Imanol Pradales anunció un paquete de medidas para reforzar el bienestar emocional de la ciudadanía, muchas de ellas alineadas con las principales demandas surgidas durante el proceso participativo.
Entre las iniciativas destacaban:
- La incorporación progresiva de profesionales de la psicología en Atención Primaria, facilitando un acceso más cercano y temprano a la atención psicológica.
- La puesta en marcha de una Estrategia Integral sobre el Uso de Pantallas, acompañada de un nuevo canal de atención emocional dirigido específicamente a adolescentes.
- El impulso de programas de actividad física y deporte como herramientas para promover el bienestar emocional y prevenir problemas de salud mental.
Estas actuaciones respondían a algunas de las prioridades identificadas por la propia juventud durante la misión: mejorar el acceso a la atención psicológica, prevenir antes de que aparezcan problemas graves, reforzar el acompañamiento emocional de adolescentes y promover estilos de vida saludables.
Cuando la participación genera cambios
Gurea Geroa Salud Mental demostró que escuchar a la juventud no solo permite comprender mejor los problemas, sino también orientar las decisiones públicas.
La misión convirtió las experiencias de 3.763 jóvenes en un diagnóstico compartido, trasladó sus conclusiones al Parlamento Vasco y al Ministerio de Juventud e Infancia, y contribuyó a situar el bienestar emocional en el centro del debate institucional.